Vampiros

Vampiros hay de todas clases y formas. Se puede ser vampiro vocacional pero también obligado por el azar. Yo, a veces, no sé a qué categoría pertenezco. Hoy, un poco de todo. Estoy relativamente triste y nostálgico, estado al que soy adicto y que, por cierto, me hacía falta últimamente. Mi amigo, también vampiro, Neburx, vive, creo, en ese estado permanente, pero él es diferente y se va a la Patagonia, o, según le dé, se fuma un porrito y ríe. A mi amigo Obokaman, cuando el trabajo se lo permite, le da por montar blogs, o a perder a las cartas, aunque últimamente el juego le haya ido bien. A mi amigo Baldrich (aunque también tiene otros nombres, como Gandalf), le cuesta llegar a este estado, pero seguro que llega, aunque no se lo notemos -por cierto, que hoy le he visto (trans)vestido de azafata de 1-2-3, y hasta aquí puedo leer-. Bueno, yo creo que soy el último vampiro bohemio que queda en este planeta. ¿Por qué? Pues porque, cuando llego a este estado, me da por escribir, normalmente canciones, pero hoy no, siento que hace tiempo que perdí la habilidad para componer. También me da por mirar al pasado y pensar, aunque sé que es mentira, que fue mejor. También porque tengo un trabajo de mierda y eso siempre influencia algo. Y como sabéis, la bohemia no existe, así que dejadme hacer el fantasma un rato.
Menos mal que vampiros hay en todas partes y eso me permite salir por ahí a morder cuellos sin remordimientos, aunque mal de muchos consuelo de tontos, y además, el vampirismo es un arte demasiado antiguo como para cambiarlo ahora. Así pues, nada puede cambiarme, ni ganas. Bueno, me voy a dormir, no sea que el sol me pille desprevenido y se me quemen las alas, como a Calamaro.
Y hasta aquí, las crónicas vampíricas de hoy.
- Deja tu comentario (200)
